La importancia de las abejas para un mundo en peligro

La miel y la cera han estado presentes desde que el hombre vivía en las cavernas. Pero, es ahora cuando la importancia de las abejas no se ha puesto en relevancia. Hecho que coincide con   el rápido descenso de su población, que viene haciendo verdaderos estragos desde hace algunas décadas. La contaminación, la agricultura intensiva y, por supuesto, la eliminación progresiva y constante de los espacios naturales están atacando directamente a la supervivencia de estos insectos tan necesarios para la continuidad de la vida en la Tierra.

No se debe olvidar que una abeja no es una avispa. Si bien las avispas realizan una labor de control de plagas importante, no es comparable con la labor eco-social que rodea al mundo de las abejas. Labores que van desde la producción de miel hasta el mantenimiento del ecosistema. Estos seres de talante pacífico y trabajador son el mejor aliado del hombre y de la naturaleza.

La importancia de las abejas, trabajadoras esenciales

Polinizar es transportar el polen al lugar correcto para que puedan fertilizarse algunos tipos de plantas y producirse semillas. Se trata, por tanto, de una acción fundamental para la reproducción de las plantas.

Esto constituye un trabajo secundario de las abejas, sin embargo, es el más importante para los ecosistemas. Parte del polen que recolectan, y que es la base de su alimentación, se va adhiriendo a sus patas. Este polen se va desprendiendo de forma natural en otras plantas a lo largo de su trabajo recolector, siendo este hecho imprescindible para la reproducción de la gran mayoría de especies del mundo vegetal.

Más de la mitad de las frutas y verduras que se consumen en el mundo se reproducen de este modo. La importancia de las abejas, por tanto, va mucho más allá de los productos que se obtienen a partir de su trabajo, sino precisamente de aquello que hacen de manera involuntaria, la polinización.

La polinización, herramienta de la vida

La polinización de las abejas es imprescindible para la vida. Sin ellas, el polen no llegaría de una flor a otra con la cantidad y asiduidad necesaria para que esas especies se reproduzcan. De hecho, existen especies vegetales que solo se reproducen gracias a la polinización de las abejas y otros insectos, como son por ejemplo la sandía, el melón y la vainilla.

Como curiosidad, citar que existen plantas que disponen de un sistema propio para atraer a las abejas y avispas para ser polinizadas. Esto se llama melitofilia y funciona creando una serie de formas, fragancias y colores que resultan más atractivas y llamativas para el insecto. De esta manera, el animal se dirige a ellas para libar su néctar y así polinizar al resto de las mismas flores que estén en un radio de acción cercano.

El regalo de las abejas, productos exquisitos

La jalea real es el alimento exclusivo de la abeja reina. Solo la abeja reina y aquellas crías de abeja destinadas a ser reinas se alimentarán de este exquisito producto. Es este un alimento de gran valor nutritivo, tanto para estos insectos como para las personas que lo consumen.

Las larvas destinadas a convertirse en otro tipo de abeja consumirán la jalea mezclada con granos de polen y solo durante tres días. La reina la consumirá toda su vida.  Contiene gran cantidad de vitaminas, como las B1, B2, B4 y B6, ácido fólico, minerales como el calcio, el potasio, el hierro, el sodio, el zinc.. y aminoácidos, como la serina y la glicina.

El propóleo, otro de sus productos estrella, impermeabiliza y esteriliza las paredes de la colmena, por lo que las abejas lo utilizan para la estructura de la misma y sus accesos. Por otro lado, es muy utilizado como medicamento para las personas. Y es que este producto natural tiene propiedades antibióticas, antivirales, antitumorales, antiinflamatorias, analgésicas, antialérgicas, anestésicas e inmunoestimulantes. Las abejas lo fabrican mezclando resinas de algunos árboles, y es un producto que ya era usado en la época de los faraones para embalsamar.

La jalea real y el propóleo se encuentran en los panales de miel que son generados dentro de las colmenas y están prácticamente listos para ingerir. Este panal donde viven las abejas, está compuesto de cera con forma de celdilla, que no es apto para su consumo.

Las celdas son los huecos hexagonales de los panales de las abejas donde se conserva la miel, se guarda el polen y donde la reina deposita las larvas. La cera de abeja es perfecta para la conservación del polen y la protección de estas crías, y es que no se deteriora con el tiempo, siendo, además, muy fácil de trabajar y almacenar.

Abejas y miel

La miel ha sido desde la antigüedad y hasta hace 500 años el único edulcorante conocido. Es el alimento de las abejas, exceptuando a la reina. Hay evidencias de su consumo humano desde la época de los egipcios, habiéndose descubierto vasijas con miel en las tumbas de los faraones. También es notable su presencia en los libros sagrados de prácticamente todas las religiones, donde se considera un alimento divino. Sus propiedades endulzantes, calmantes e incluso conservantes han sido claves para que, a día de hoy, sea uno de los alimentos más completos.

Los abejorros y abejas silvestres y la miel

Los abejorros y abejas silvestres también son productores de miel. Si bien las abejas silvestres, las más laboriosas y eficientes en este sentido, están a punto de extinguirse, ya que se están eliminando especies de flores nativas a gran velocidad y este tipo de abejas solo se alimentan del polen de las mismas.

Como anécdota, y para contribuir a la convivencia con los abejorros, que por su tamaño se tiene algo de miedo a la picadura de los abejorros, cabe señalar que no es demasiado dolorosa y suele desaparecer en su totalidad en unas 48 horas. Aunque son insectos pacíficos, no se les debe provocar. Hay que tener cuidado con la vestimenta al tratar con estos insectos porque sorprendentemente se sienten muy atraídos por el color azul claro.

Las avispas y la miel

Otros insectos que producen pavor ante la posibilidad de recibir su picadora son las avispas. No es de extrañar que algunas personas todavía las confundan con las abejas. Y es que, algunas especies de avispas también producen miel y los colores de ambos insectos son muy parecidos.

En relación a su miel, también se produce y se recolecta y hace cientos de años que es conocida, aunque no al mismo nivel que la de abeja. Dependiendo de las zonas donde se ubiquen los panales de avispas, la miel resulta venenosa, puesto que estos insectos utilizan el polen de flores que son tóxicas para el ser humano.

¿Cómo funciona una colmena?

La importancia de las abejas y su eficacia también radica en su metódica vida y su estructurada jerarquía, comenzando con que la abeja reina es la madre y mentora de todos los miembros.

La abeja reina

Esta abeja, de gran tamaño en comparación con el resto, se alimenta durante toda su vida de jalea que le proporciona los nutrientes necesarios para que su capacidad de reproducción se mantenga lo más estable posible a lo largo de su ciclo vital. Su longevidad ronda los seis años, pero, al final de los mismos, esa capacidad de reproducción se verá notablemente disminuida.

Según algunos estudios, la abeja reina controla a su colmena mediante feromonas (sustancias químicas secretadas por ellas, cuyo fin es el de provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma especie). Esa feromona también podría ser la responsable de que ella no abandone el lugar que le corresponde dentro de la colmena.

En el caso de la desaparición o muerte de la reina, una cría de abeja será alimentada exclusivamente con la jalea hasta convertirse en la nueva reina. Los científicos no paran de investigar para conseguir más información sobre las abejas y así conocer en profundidad sus comportamientos, muy complejos y eficientes.

Los zanganos

Los zánganos se dedican a fecundar a la reina. Comen, fecundan y mueren tras copular con la abeja reina. No trabajan y tienen una vida media de unos tres meses. Son los únicos machos de la colmena.

Las obreras

Las obreras son las abejas que trabajan y su tiempo de vida no excede las 7 semanas. No son fértiles. Salen de la colmena, exploran el lugar, recolectan el néctar y la resina para el propóleo, vuelven a la colmena y depositan el néctar. Se pasan un tercio de su vida haciendo miel, jalea y propóleo. Así mismo, también se encargan de mantener la limpieza y la desinfección de la colmena, el nombre se lo tienen bien merecido.

La vida de las obreras comienza con trabajos dentro de la colmena y en sus últimas semanas es cuando salen a recolectar, por lo que se convierten en abejas polinizadoras en sus últimos días de vida.

La comunicación de las abejas

Las abejas tienen un sistema de comunicación, muy complejo, basado en una serie de danzas para explicar a sus compañeras dónde localizar las fuentes de alimento. Y es que, los animales han desarrollado complejas formas de comunicarse entre ellos. Si estás interesado en este tema haz clic en el siguiente enlace para saber más sobre la comunicación animal.

Diferencias entre abejas y avispas

Aunque pertenecen a la misma familia de insectos y su morfología exterior sea bastante parecida, la gran diferencia entre abejas y avispas es su manera de actuar. Si bien las abejas son seres pacíficos que se dedican a ir de flor en flor recolectando el polen que guardan en sus patas, las avispas son seres agresivos dispuestos a atacar a la mínima provocación. Las avispas son animales depredadores, es decir, se alimentan también de otros insectos (incluidas las abejas).

Alguno tipos de avispa, las más temidas y una abeja enorme

Hasta este momento se ha hablado siempre de la abeja doméstica o abeja europea, la apis melífera. Existen muchos tipos de abejas, algunos de ellos mal llamados avispas por su parecido con este otro insecto. Pero, como se ha dicho, la diferencia fundamental entre avispas y abejas es el comportamiento que tienen.

El temor que se les tiene a las avispas está, en parte, justificado, pues son violentas, territoriales y depredadoras, aunque nunca se les debe dañar por el concepto que se tenga de ellas o por ninguna otra causa. Algunos tipos merecen destacarse y reconocerse por si se cruzan en el camino, tomar precauciones y alejarse un poco. Otras, simplemente por curiosidad, también resulta interesante que se diferencien al verlas.

Avispa negra africana

El temor está más que justificado, por ejemplo, con la temida avispa negra africana, que es un cruce entre abejas brasileñas domésticas y abejas de Tanzania. Son más grandes que las abejas domésticas y bastante más agresivas. Suelen atacar en grupo a la mínima vibración recibida en su panal.

Los núcleos familiares son numerosos, llegando a contabilizarse 2000 abejas negras en una sola colmena. La problemática de estas abejas africanas en España radica en que sus panales son difíciles de encontrar, ya que utilizan lugares diferentes para instalarse a las abejas domésticas. Aun así, su función polinizadora y productora de miel sigue siendo beneficiosa.

Avispa velutina

La avispa velutina, o como se la conoce de manera común, avispa asiática e incluso avispa asesina, está considerada como especie peligrosa. Este insecto carga a sus espaldas varias muertes en España, ha logrado en menos de diez años estar presente en 9 comunidades autónomas, incluyendo las Islas Baleares.

Los enjambres llegan a tener más de 20 mil avispas. Se han capturado más de cinco mil reinas de estas avispas. Aparte de ser un peligro extremo para el hombre, son capaces de acabar con una media de 30 colmenas de abejas domésticas al día. Se instalan siempre cerca de las colmenas de las abejas europeas para facilitar su ataque.

Avispa roja

La avispa roja, originaria y habitante de Estados Unidos, toma su nombre de su color rojo intenso. Es una avispa social, que se alimenta de moscas e insectos muertos. Son un poco más grandes que las abejas europeas. Su jerarquía es la misma que en las abejas domésticas, con reina, obreras y machos, con la diferencia de que la reina fértil coloca sus huevos en distintos nidos y no en un solo lugar. Su picadura es muy similar en dolor y efectos que a la de la avispa negra.

Avispa negra

La avispa araña o avispa negra, de unos cinco centímetros de longitud, deposita sus larvas en cadáveres de arañas para que estas se alimenten correctamente durante sus primeros instantes de vida. Debido a que poseen un sistema digestivo distinto, se alimentan tanto de insectos como de polen y néctar. Habitan en distintos lugares del mundo, incluida España. En cualquier caso, son pacíficas y a no ser que se sientan amenazadas no atacarán.

Abeja gigante

De entre este grupo de insignes avispas merece que se incluya la abeja gigante de Wallace, conocida por ser la abeja más grande del mundo, ya que llega a medir seis centímetros, el tamaño del pulgar de una persona de talla media. Se localizó en Indonesia y lleva el nombre de su descubridor.

¿Por qué están desapareciendo las abejas?

Las abejas necesitan biodiversidad para poder alimentarse. Los monocultivos intensivos que terminan con la flora local están aniquilando los vastos campos de flores donde hace unas pocas décadas las abejas volaban a sus anchas. Hoy por hoy, por esta y otras formas de actuar de los hombres, toda producción de alimentos está en riesgo, ya que se está produciendo un gran descenso, muy acelerado, de la población de abejas.

Las nuevas necesidades de alimentación del ser humano, basadas en cada vez menos variedades locales y la gran cantidad de pesticidas y herbicidas que se usan para su producción y asociados para la conservación de los cultivos, afectan muy negativamente a la salud de las abejas. Enferman al consumir productos químicos que ni su jalea ni su propóleo pueden curar, por ende, contagian al resto de la colmena y terminan muriendo.

Muchas de ellas se debilitan y ni siquiera llegan a tiempo para morir en su propia colmena y se quedan por el camino. No es extraño ver en estos tiempos en jardines y parques públicos abejas en el suelo, batiendo levemente sus alas, sin fuerzas para seguir. El hombre es el principal culpable de esta desaparición que, además de suponer una gran pérdida para la ecología, también lo será para el propio ser humano, ya que la labor de las abejas es imprescindible para la propia supervivencia de la especie humana.

Las avispas asesinas también son motivo de alerta, puesto que son agresivas y violentas con las abejas, a las que usan de alimento. El cuerpo de una abeja es una fuente preciosa de proteínas para las larvas de las avispas, que se alimentan de ellas, además de consumir la miel, la jalea y el propóleo de las colmenas.

 

Cómo proteger a las abejas

Contra el ataque de otras avispas poco se puede hacer más que exterminar a las especies conocidas como asesinas, algo que está resultando muy complicado. Respecto a la mejora de las condiciones vitales de las abejas, hay muchas acciones para ayudarlas.

1.   Consumir productos ecológicos

El consumo de productos con origen biológico certificado garantiza que las condiciones en las que han crecido y se han producido han sido las adecuadas, conservando la biodiversidad del entorno y respetando sus ciclos naturales. Estos procedimientos aseguran lugares ecológicos apropiados para la cría y la reproducción de las colmenas.

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La miel ecológica es uno de los productos con un efecto más saludable que se pueda tomar, los beneficios de tomar esta dulce medicina van desde la mejora del sistema inmune a la mejora del rendimiento físico y mental, ayuda a la piel y a dormir mejor, su alto contenido en vitaminas (C) y minerales (Hierro y calcio) es una inyección de salud para el organismo de las personas.

2.   Comprar productos locales

El producto local no ha tenido que pasar por decenas de horas de transporte, por tanto, el impacto de su distribución es menor a nivel de contaminación general.

3.   No utilizar ningún producto químico

Ni en los jardines privados o púbicos, parques, cultivos, huertos, etc. El uso de productos químicos altera la flora y fauna y, a la larga, genera problemas también en el cuerpo humano, ya sea en forma de alergias o intolerancias. Pero, sobre todo, dañan espectacularmente el ciclo biológico de las abejas o las mata directamente.

4.   Fomentar los cultivos de rotación y la permacultura

La comunión entre la producción de alimentos y la necesidad de recuperación de la tierra debería ser un punto primordial en la agricultura actual. Si se sigue cultivando de manera intensiva, la tierra pierde sus nutrientes naturales, al faltarles estos, se terminan añadiendo fertilizantes artificiales, con el efecto negativo que esto tiene para la calidad de la tierra.

5.   Ayudar a la apicultura sostenible

Existen apicultores que solo extraen la miel justa para su venta, dejando el resto para alimentación de las abejas. Esta apicultura sostenible utiliza solo la cera de los paneles de miel que ya no utilizan las abejas, etc., manteniendo siempre una colmena saludable al respetar el trabajo de las abejas.

6.   Disponer de un jardín

Todo el que tiene un jardín con flores, árboles frutales, hierbas aromáticas y vegetales está contribuyendo de forma activa a la conservación de las abejas. La floración en estos entornos privados ayuda enormemente a tener una gran variedad de alimento para las abejas.

Aparte de ornamentar y aromatizar el jardín y el huerto, se contribuye a mantener las colonias de abejas que se tengan cerca. Hay que procurar siempre que las semillas sean locales y ecológicas para disminuir todo riesgo para las abejas y contribuir, de paso, a la buena salud, tanto del ecosistema como del consumidor final.

7.   Procurar una buena rotación de flora en el jardín

Disponer de plantas con distintas fechas de floración convertirá el jardín en una despensa magnífica todo el año para las abejas. Las margaritas, en sus distintas variantes, florecen todo el año y son una opción muy adecuada para cualquier huerto urbano.

8.  Cultivar plantas que las alimenten

En cualquier balcón, ventana o terraza es útil para cultivar planas que ayuden a las abejas en su misión de recolectar polen que les sirva de alimento y material útil para su colmena. Las plantas que se han de utilizar tienen que ser compatibles con la zona, es decir, de flores nativas.

Las plantas que son beneficiosas para las abejas son; el Arándano, la Dedalera, las Prímulas, la Menta de gato, las cebolletas, la Lavanda, los Girasoles, la Milenrama, el Algodoncillo, la Equinácea purpúrea, la Calabaza, el Calabacín, la Borraja, el Hisopo, el Áster, la Facelia, la Caléndula, la Veza, el Cilantro, el Comino, el Eneldo, la Malva, el Hinojo, el Trébol…

 

 

Fuentes:  CocoonCenter, Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, RAE, Marchatic, El Mundo, National Geographic, Greenpeace, Ecoosfera, La voz del muro.net.

 

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