Relación entre pandemias y deterioro de la salud del planeta I. La zoonosis

Recientemente se publicó un documento del Fondo Mundial Para la Naturaleza, conocido por sus siglas WWF (World Wide Fund For Nature). En este informe se trata la relación que se establece entre la destrucción progresiva de la naturaleza y la aparición de pandemias como el Coronavirus.

El documento de 11 páginas establece las rutas de acceso que, posiblemente, haya tenido esta enfermedad de tipo vírico para llegar a la situación actual de pandemia.

Según este detallado informe, en la zoonosis, una enfermedad propia de los animales que incidentalmente puede comunicarse y expandirse hacia las personas, puede estar la raíz del problema.

Zoonosis, una relación directa y negativa con los animales

Ya han pasado 4 meses desde que la Organización Mundial de la Salud recibiera la primera alerta por parte de las autoridades chinas. Se localizó en la ciudad de Wuhan, con más de 11 millones de habitantes, y se trataba de una serie de casos de neumonía de origen desconocido.

A día de hoy se desconoce cuál es la procedencia de este virus, aunque al ser un resevorio natural común de los murciélagos, se le supone a esta especie animal como origen. Los estudios se enfocan en localizar la especie animal intermedia que haya producido el salto a los humanos. El pangolín está entre los posibles candidatos por ser portadores naturales de virus muy similares al covid-19.

En definitiva, no se tiene nada claro cuál es el origen de este mal. Aunque, todo apunta aun origen animal. El foco de infección se concreta en el mercado de animales de la ciudad de Wuhan. Los científicos apuntan que, muy posiblemente, se trate de una zoonosis, es decir, una enfermedad que, siendo de origen animal, ha conseguido transmitirse a los seres humanos.

Las zoonosis más comunes

No es ni mucho menos el primer caso que se daría de zoonosis. La OMS reconoce más de 200 hasta el día de hoy. Las enfermedades más conocidas transmitidas por este medio son la rabia, la leptospirosis, el ántrax, el Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS), el Síndrome Respiratorio de Medio Oriente (MERS), la fiebre amarilla, el dengue, el SIDA, el ébola, la fiebre chikungunya y el Covid-19, pero también la gripe común.

Cabe resaltar la popular y destructiva peste bubónica. Un terrible mal que fue transmitido a las personas por intermediación de las pulgas de algunos tipos de ratas.

No hay que sorprenderse por la existencia de este tipo de contagios. Se estima que más del 70% de las enfermedades que viene padeciendo la especie humana en los últimos 40 años proviene de animales salvajes como fuentes de transmisión. Ejemplos actuales son los mencionados ébola, Sida, el Sars, la gripe aviar, la gripe porcina y el Covid-19.

Las zoonosis causan alrededor de mil millones de casos de enfermedades y millones de muertes cada año. Es por este motivo que se considera una de las principales amenazas para la salud de la población mundial en el futuro.

Pero no se puede culpar al estado natural de las especies animales que, por un capricho ecológico, la zoonosis tenga una repercusión fatal en las personas. La raíz de este mal habría que localizarlo en el propio comportamiento de los seres humanos. La destrucción del planeta es la clave para la propagación fatal que tiene la zoonosis.

¿Es la destrucción del medio ambiente la causa de la propagación de la zoonosis?

Solemos tener la falsa creencia de que exponemos nuestra salud al entrar en espacios naturales como bosque y selvas, perfectamente conservados. Tememos enfermar en esos habitats que aún conservan su equilibrio ecológico, y somos víctimas propicias para ser infectados por alguna rara enfermedad.

Pero es precisamente en esos entornos puros que quedan sobre el planeta Tierra, donde es más difícil ser contagiados. Efectivamente, es en estos espacios donde abunda la biodiversidad, donde se reducen sistemáticamente las posibilidades de contagio.

La causa es que los agentes patógenos se encuentran ampliamente “diluidos” por las especies existentes en el propio ecosistema. Los entornos naturales mejor conservados limitan el contagio y la expansión de los virus por encontrarse repartidos entre la numerosa variedad de especies existente. Así mismo, también aumenta la posibilidad de que estos agentes, en su distribución por las distintas especies, terminen en alguna que bloquee de forma eficaz y definitiva su dispersión.

Por otra parte, esa misma biodiversidad crea depredadores naturales que eliminan los ejemplares más débiles o aquellos que están enfermos. Esto, junto a los factores anteriormente expuestos, contribuye al control de la población de riesgo y, por tanto, reduce los niveles de transmisión hacia otras especies.

Es bastante obvio, una vez analizado el control natural que ofrece la naturaleza de los diversos patógenos, que la destrucción de este equilibrio, liberan los agentes patógenos.

El daño sistemático que viene ejerciendo la raza humana sobre los ecosistemas y la vida salvaje, junto a los efectos del cambio climático (también  provocado directamente por la actividad humana), consigue que se descontrole la propagación de estos virus y acaben produciéndose casos de zoonosis.

A medida que se siga ejerciendo esta presión sobre la naturaleza aumentarán los riesgos. Si crece esta obsesión destructiva y se rompen sistemáticamente los entornos naturales, las posibilidades de que diferentes virus ataquen a la raza humana irá aumentando.

Solo hay, por tanto, una salida para frenar la aparición de futuras pandemias, la recuperación del equilibrio natural de los ecosistemas.

De la editorial

El ser humano debe empezar a considerar su efecto devastador sobre el medio ambiente del planeta. Debe entender que esta forma de actuar tiene consecuencias sobre sí mismo, peligrando su propia vida. No hacen falta más pruebas para entender lo indefiniblemente unida que se encuentra la especie humana al resto de los seres vivos del planeta.

Debemos tomar cartas en el asunto. Hay que dejar de ser meros espectadores de lo que las grandes corporaciones y las personas hacen sin consideración, sin sentido y sin criterio, sobre un planeta que es de todos.

Hay que activarse como elementos que defienden la propia vida. Somos las únicas armas que puedan contrarrestar estas fuerzas con acciones útiles. No debemos tardar en colocarnos de parte de la naturaleza, colaborando en todo lo posible para que esta vuelva a recuperar su lugar en el mundo.

¿Se te ocurre cómo? 

 

Fuentes consultadas

El Universal.com, expertoanimal.com, wwf,

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