En días de coronavirus, los beneficios del mar siguen esperando

En los días de confinamiento por la pandemia del coronavirus, vamos observando como nuestro cuerpo se va debilitando poco a poco.

Los largos periodos de inactividad y la depresión asociada a los días de encierro van golpeando cada día con más fuerza a la salud de un organismo que necesita del movimiento, del contacto con otras personas y entornos, de la experiencia de situaciones más evocadoras, diferentes y deseadas.

No somos pocos los que dedicamos cada día un poco de este tiempo de horas muertas a pensar qué haremos cuando todo esto acabe, dónde iremos, por dónde volveremos a pasear, qué espacios naturales recorreremos para recuperar la salud mental y física que cada día se siente más perjudicada.

Nos evadimos con pensamientos positivos de paseos en puestas de sol frente al mar, pisando arena blanca y pura, respirando el sabor salado de la brisa marina, viendo, con una gran sonrisa dibujada, cómo nuestros hijos huyen de las olas que, con insistencia, quieren besar sus pies.

En España, la mayoría de sus ciudadanos cuando piensa en vacaciones, prefiere tumbarse al sol, sobre la arena caliente y el rumor del mar, respirar aire salado y visitar el chiringuito en busca de algo fresco de vez en cuando. No hay duda de que, durante esta cuarentena, los sueños y deseos de escapadas van en la misma dirección.

Y no es, en absoluto, mala idea, ya que la cercanía del mar reporta innumerables beneficios, tanto a la salud física como a la psicológica.

5 beneficios que aporta el mar a la salud mental de las personas

El uso del agua del mar junto al clima marítimo con un objetivo terapéutico lleva el nombre de talasoterapia, esto nos indica la base científica que apoya lo que es sabiduría popular. La cercanía del mar ofrece multitud de beneficios físicos y psicológicos en las personas.

El bioclima marítimo, concretamente la exposición al sol de manera controlada y sistemática (helitoterapia), el uso de la atmósfera, temperatura, humedad, vientos, presión… marinas (climatoterapia marina), más los el consumo controlado del agua de mar, las algas marinas y los lodos, la arena y demás materiales de origen marino, como pueden ser el placton y el phitoplacton, están incluidos en el concepto de talasoterapia.

Beneficios directos al cerebro

El efecto relajante que produce en la mente de todo aquel que pasea o se sienta sobre la arena y contempla el infinito del horizonte mientras escucha el relajante rumor de las olas es instantáneo. Científicamente, está demostrado que cuando se observan grandes extensiones, la mente produce cambios tanto en su percepción como en el estado emocional.

 

El cerebro tiene como propiedad natural e intrínseca la plasticidad, lo que significa que todo lo que se experimenta produce cambios en su arquitectura. La meditación o mirar al mar produce ese tipo de cambio suave y positivo que hace que la persona se sienta mejor.

1.       Potencia la creatividad

Al contrario de lo que ocurre en los espacios sobrecargados de estímulos que generan estrés y no dejan pensar, el mar es homogéneo, con pocos elementos y en conjunto de gran belleza y serenidad. Esta imagen permite que el cerebro destine recursos a crear nuevos pensamientos, novedosos y creativos.

2.       Favorece la meditación

El mar y su contemplación limpia el camino hacia la introspección, a la charla con uno mismo y a la meditación, es una experiencia que al agrupar todos los sentidos favorece la mirada hacia el interior de las personas.

El entorno, con el sonido rítmico de las olas y el viento, los colores, en su infinita variedad de tonos azules o rojos hacia el atardecer y en el ocaso, el olor tan característico junto al sabor salado y el tacto peculiar de la arena en los pies o en las manos, hace que nos sintamos más conectados con el momento y el lugar, elementos esenciales para la meditación.

Científicamente, está demostrado que todo este conjunto de sensaciones favorece y potencia la aparición de las ondas alfa en el cerebro, propias de las etapas del sueño. Al aparecer en este estado parecido al de la vigilia, con la mirada fija en un punto concreto, el cerebro, al igual que hace cuando se medita, consigue eliminar elementos considerados tóxicos de la mente de forma natural.

3.       Relaja, disminuye la angustia, la ansiedad y favorece el buen humor

Podemos ser plenamente conscientes del efecto inmediato que produce sobre nosotros la contemplación del mar. Sus colores puros, el movimiento a ritmo de canción de cuna y la infinita extensión del mar producen un descanso instantáneo sobre el cerebro y todo el sistema nervioso.

La ionización negativa del aire hace que los niveles de serotonina aumenten, lo que fuerza a bajar los niveles de ansiedad. Simplemente llevando a cabo el corto paseo en busca del lugar perfecto para plantar la sombrilla y extender las toallas dará tiempo para que el ritmo cardiaco se vaya ralentizando.

4.       Elimina la reiteración de los pensamientos

La limpieza mental que consigue el mar se hace evidente cuando los pensamientos reincidentes, esos que no dejan dormir, los que vuelven una y otra vez e impiden que se dedique tiempo a pensar en otras cosas, van desapareciendo o directamente no aparecen.

Parece magia, pero las ideas obsesivas se diluyen con el sonido de las olas, de alguna forma el mar sirve para cortar ese estado de prisión circular en la que con bastante asiduidad nos encontramos.

Posiblemente, tenga relación con la salida abrupta de la rutina, del contacto directo con un entorno que se encuentra indefiniblemente unido a nuestro pasado animal. La naturaleza en su estado más salvaje y primitivo, que sigue estando en el mismo lugar que hace miles de años, provoca la liberación del pensamiento obsesivo y facilita la creación de soluciones que antes se mantenían ocultas por ese bloqueo mental.

5.       La percepción del tiempo cambia

La contemplación de la línea infinita del horizonte sobre el mar tiene otro tipo de influencia en nuestra mente, en esta ocasión relacionada con la percepción que se tiene del tiempo.

Frente a la gran masa acuosa el tiempo se relativiza. Entramos en un estado mental propiciado por las mencionadas ondas alfa que hace que detenga su velocidad habitual, volviéndonos más conscientes del instante que se vive, y de la realidad que nos rodea.

De la editorial

No hay nada que demostrar más allá de la propia percepción, nada nos engaña cuando somos nosotros mismos los que sentimos el bienestar que produce la cercanía del mar. Solo queda tener un poco más de paciencia y esperar a que la pandemia desaparezca de nuestras vidas y coger rumbo a la playa más cercana.
 

Fuentes consultadas:

La mente es maravillosa, El País, BBC.com

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