Enfermedades ambientales, riesgos reales

Las enfermedades ambientales son un temor que invade a no pocos turistas que aprovechan su tiempo de descanso para aventurarse en terrenos naturales. Es bastante habitual pensar que, al entrar en contacto con entornos salvajes, cuanto más primitivos y mejor conservados, es decir, con menor presencia humana, más posibilidades se tiene de caer enfermo por algún vector al que el organismo no está preparado.

Sin embargo, estos males aparecen, precisamente, en ciudades masificadas, donde la calidad del aire deja que desear y los materiales de los que están fabricadas las estructuras de los edificios no ofrecen seguridad para la salud de las personas.

¿Qué son las enfermedades ambientales?

Cuando una persona se expone a sustancias o toxinas que se encuentran suspendidas en el ambiente y que pueden hacerle enfermar se habla de lo que se conoce comúnmente como enfermedad ambiental. Es posible que este mal se de con mayor incidencia en aquellos lugares en los que las condiciones son opuestas o sustancialmente diferentes a los espacios que habitamos habitualmente.

La diarrea, los dolores de cabeza, la fiebre, los escalofríos, las náuseas, la tos, los salpullidos, los dolores musculares… son algunos de los síntomas que producen las aguas insalubres. Así mismo, los servicios de saneamiento en mal estado, la falta de higiene en los lugares que se visitan también. Sin olvidar las infecciones en las vías respiratorias producidas por la acumulación de contaminación… Estos son solo algunos ejemplos de causas para contraer enfermedades ambientales.  En este sentido, es altamente recomendable, antes de salir de viaje, usar un buscador de seguros de salud para localizar aquel en cuyas coberturas tenga una buena asistencia médica en el país que se decide visitar.

Según la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), el 24 % de las enfermedades y hasta el 23 % de las muertes (más de 13 millones) son atribuibles a factores ambientales. Excepto la malaria y otras semejantes, que son producidas por deficiencias en el abastecimiento de agua, la mayor carga de morbilidad se da en los países desarrollados. Los niños son los más afectados, muriendo más de 4 millones al año por estas causas.

Enfermedades potenciales de riesgo para el viajero en la naturaleza

Según el destino elegido, se estará expuesto a un tipo de enfermedad infecciosa u otro. El riesgo dependerá de parámetros como el motivo, el recorrido, la calidad del alojamiento, la comida y la bebida, la higiene y los saneamientos. Así mismo, también es importante que el turista mantenga una conducta que limite ese riesgo si sabe que existe.

En relación a aquellas enfermedades que pueden transmitirse por vía natural. Conviene prestar especial atención a las que son transmitidas por vectores biológicos, insectos como mosquitos o garrapatas. En algunos lugares, contraer el paludismo, el dengue, la fiebre amarilla, la encefalitis japonesa o el Chijungunya es bastante probable.

La zoonosis

Algunas de las infecciones posibles, muchas de ellas especialmente peligrosas, se transmiten a las personas a través de mordeduras, por contacto directo con fluidos corporales de algunos animales. Así mismo, también es posible infectarse por consumo de alimentos de origen animal o contacto con excrementos contaminados. La rabia, la brucelosis, la tularemia, la leptospirosis… son algunos ejemplos de estas enfermedades transmitidas por zoonosis. Haz clic sobre este enlace para saber más sobre este tipo de contagio.

 

Enfermedades transmitidas por el suelo o por el aire

Las causadas por formas latentes o esporas son capaces de contagiar a las personas de agentes infecciosos a través de heridas abiertas en la piel. Ejemplos son enfermedades bacterianas como el carbunco o el tétanos. Otras pueden ser enfermedades parasitarias intestinales, como la trichuriasis o la ascariasis mediante la ingesta de verduras contaminadas. También es posible contraer infecciones por hongos mediante la inhalación de suelo contaminado.

En lo que se refiere al aire, la contaminación suele presentarse a través de núcleos goticulares. Es decir, gotas de agua que se mantienen suspendidos y diseminados en el aire y son respirados. La tuberculosis pulmonar activa, la varicela, el sarampión, la legionelosis, la peste neumónica, las fiebres hemorrágicas se dan cuando estas gotitas son menores a las 5 micras de tamaño. Si son más grandes, llevan a cabo un contacto directo con la mucosa oral, nasal o conjuntival. En estos casos son detectadas más fácilmente, ya que la persona infectada tose, estornuda o se suena. En estos casos podrá llegar a sufrir difteria, parotiditis, tosferina, gripe y SRAS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave).

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