Isla Dominica, la flor natural del Caribe

Isla Dominica entra a formar parte de los lugares que cualquier amante de la naturaleza en su más puro estado debería visitar. Se ubica entre Martinica y Guadalupe, la conocida como Isla de la Naturaleza del Caribe se posiciona como un destino clave para ecoturistas.

Buena parte de la culpa de que esta isla tenga esta consideración se debe a su participación en el Earth Check de 1997. En este año se ganó el título del primer país del Caribe en importancia para el avistamiento de grandes cetáceos. Un premio que vino a incrementar su fama de paraíso ecológico. Isla Dominica tiene la suerte de recibir periódicamente la visita de ballenas de hasta 40 toneladas. Tienen a estas costas como sus preferidas para sus juegos, socializarse y aparearse. Al turista ecológico se le asegura un 90 % de probabilidades de estar cerca de uno de estos fabulosos animales.

Pero este lugar no solo ofrece mares para el avistamiento de ballenas, se considera uno de los mejores espacios para el buceo de todo el Caribe. No obstante, tierra adentro, mantiene una de las selvas tropicales más puras y bien conservadas del mundo. Sus senderos la recorren en buena medida y siempre respetando el entorno. Caminos que conducen a cascadas de gran belleza y lagos hirvientes donde darse un baño termal y disfrutar descubriendo alguno de los componentes de su interesante y variada fauna.

¿Qué se puede hacer en Isla Dominica?

Con apenas 750 km2, en el corazón de las Antillas Menores, no hay lugar para el aburrimiento, sobre todo si se disfruta de la observación, de la contemplación, de los ecosistemas más salvajes que la naturaleza pueda ofrecer. En términos generales es una isla bastante complicada de transitar, ya que es accidentada geográficamente hablando, pero cualquier impedimento no hará más que aumentar la satisfacción de estar en un lugar con gran valor ecológico.

Algunas de sus montañas superan los 1400 metros de altura, posee actividad volcánica intensa, no en vano 9 de los 16 volcanes del caribe se agrupan en esta pequeña isla. Y eso no es todo, es un territorio realmente salvaje, con poca infraestructura turística. El ambiente es exuberante gracias a su clima tropical y abundantes lluvias, lluvia que termina canalizándose a través de sus 365 ríos. En definitiva, un conjunto de circunstancias, todas naturales, que hacen de esta isla un misterio que merece la pena resolver.

Estos son algunos de los rincones que bien merecen ser descubiertos y disfrutados.

Secret Beach

Ya podemos hacernos una idea de lo que vamos a encontrarnos en este exótico lugar, una playa virgen con un acceso realmente complicado que la hacen más atractiva aún. Y es que, para llegar hasta esta playa, habrá que bajar por un acantilado bastante empinado agarrándose a las raíces de las plantas. Una vez en la playa, en unos impresionantes acantilados, cae la cascada Wavine Cyrique Waterfall directamente sobre el mar.

El Parque Nacional Morne Trois Pitons

Este espacio natural, Patrimonio de la Biosfera por la Unesco, es un espectáculo de incontestable belleza. Pero es, también, un lugar que convierte al turista en todo un Indiana Jones, ya que para disfrutarlo en toda su esencia tendrá que internarse en una espesura verde sin fin. Nada menos que 6.800 hectáreas, es decir, el 9 % de toda Isla Dominica, presenta volcanes, lagos naturales (hirvientes y de agua dulce), bosques tropicales… Especial mención merece el Valley of Desolation, una zona que presenta la forma de un gigantesco anfiteatro natural, con una fuerte actividad volcánica debido a la presencia de fumarolas que constantemente producen vapores de colores intensos y a temperaturas muy elevadas, aguas termales y charcos de barro que murmuran y bailan en círculos concéntricos.

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El Lago Hirviente de Isla Dominica

Este espectáculo de agua hirviendo localizado en el Parque Nacional Morne Trois Pitons es, sin lugar a dudas, uno de los espacios de naturaleza más extraordinarios que se tiene la oportunidad de descubrir en esta isla. Se trata de un lugar un poco siniestro para quien lo ve por primera vez, pues son aguas de un color verde grisáceo en constante estado de ebullición en un entorno de naturaleza salvaje que adquiere una visión fantasmagórica debido al vapor que produce. Es el segundo lago hirviente más grande del mundo, con nada menos que 63 metros de ancho. Esta fumarola volcánica inundada hace que las temperaturas suban hasta los 90 º C, por lo que está absolutamente prohibido bañarse aquí.

Las cataratas de Trafalgar

El agua danzarina y libre no ha de faltar en Isla Dominica, en este caso en forma de dos cascadas gemelas en el encantador y pintoresco poblado de Trafalgar. Unas cataratas que crearon piscinas termales naturales a sus pies, pero un terremoto, en 1995, acabaron con la mayoría de ellas. Papa Falls (la más alta) y Mama Falls son los nombres que reciben estas obras de arte de la naturaleza.

La garganta Ti Tou, en Isla Dominica

Muy cerca de Laudat, un diminuto pueblo ubicado en el interior del Parque Nacional Morne Trois Pitons, se encuentra el desvío desde el que se accede a la Garganta de Ti Tou. Este estrecho cañón lacustre debe cruzarse a nado para contemplarlo en todo su esplendor. No hay de qué preocuparse, pues se trata de un corto trecho, un camino de agua con poca profundidad entre impresionantes y escarpadas paredes volcánicas que la van oscureciendo. Al final, la recompensa toma forma de bonita cascada, pero todo el trayecto es una aventura que merece la pena.

La piscina esmeralda

Si las gemelas causan fascinación en quienes las contemplan, la Piscina Esmeralda enamorará a estos mismos buscadores de la belleza en la naturaleza. Sus aguas provienen de lo más alto de las montañas, cristalinas, frías y puras, y desembocan en un embalse que bien podría tratarse de un trozo del paraíso bíblico, rodeado de bosque espeso. La piscina se alimenta gracias a una cascada que, de manera casi mágica, asoma a través del musgo de la roca.

Las Cataratas Middleham

Como casi todo lo que merece la pena ecológicamente hablando, en Isla Dominica, las cataratas Middleham también se encuentran dentro del Parque Nacional Morne Trois Pitons. En esta ocasión, por obra del millonario John Aschbold, que donó parte de sus tierras a un proyecto del fondo mundial para la naturaleza y que incluía este rincón insólito.

La Cascada Sari Sari

Todo Sari Sari es una zona protegida, afortunadamente poco transitada por los turistas, por lo que todo el entorno conserva un halo prehistórico, perfectamente diseñado por la libertad del arte natural. Las cataratas son un premio, pero todo este espacio es en sí mismo un regalo a los sentidos.

 

Las Red Rocks

En la costa norte, la lava incandescente llegó hasta el mar dejando completamente limpio todo el entorno. En la actualidad, esas bocas de lava han dejado en herencia las Rocas Rojas, enormes bloques de basalto, ricas en hierro que han determinado la forma de unos impresionantes acantilados. Con el tiempo ha quedado el rojo del hierro dando un aspecto marciano a orillas del mar, completamente diferente a lo que se pueda estar acostumbrado.

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